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Katanas & Samouraïs

Histoires
Anatomia de una espada japonesa
Historia de la katana: el nacimiento de una leyenda
Principales tipos de espadas japonesas
kabuto (兜) es el casco tradicional utilizado por los samuráis japoneses
Anatomia de una espada japonesa
Anatomia de una espada japonesa
La katana es mucho más que una hoja de acero. Cada uno de sus componentes cumple una función específica, fruto de siglos de evolución en la forja japonesa.
La tsuka (empuñadura) está recubierta de samegawa (piel de raya) y envuelta con el tsuka-ito, un cordón trenzado que mejora el agarre. Bajo este trenzado se encuentran los menuki, pequeños adornos metálicos que además ayudan a sujetar la espada con mayor comodidad. El extremo de la empuñadura se denomina kashira, mientras que el fuchi es la virola metálica situada junto a la guarda.
La tsuba es la guarda que protege la mano y equilibra visualmente el arma. Entre la tsuba y la hoja se encuentra el habaki, una pieza metálica fundamental que fija la hoja dentro de la vaina.
La hoja, o ha, presenta varias zonas características. El hamon es la línea visible producida por el temple diferencial, uno de los rasgos más apreciados de una katana. El shinogi marca la línea de transición entre las superficies de la hoja, aportando resistencia estructural. La punta recibe el nombre de kissaki, separada del resto por la línea llamada yokote. En la propia punta puede apreciarse el boshi, continuación del temple diferencial.
La parte oculta de la hoja es el nakago o espiga, que se introduce en la empuñadura. En ella se encuentra el mekugi-ana, el orificio por el que pasa el pasador de bambú (mekugi) que mantiene unidas todas las piezas.
La vaina, denominada saya, protege la hoja cuando no está en uso. Unido a ella se encuentra el sageo, un cordón utilizado tradicionalmente para sujetar la espada al cinturón del samurái.
Cada elemento de la katana combina funcionalidad, artesanía y simbolismo, convirtiendo esta espada en una de las armas más refinadas de la historia.
Récits
El corte que nunca llegó
El corte que nunca llegó
El joven samurái alzó la katana con ambas manos. Frente a él, su enemigo respiraba tras la máscara del kabuto, cubierto por placas lacadas y cordones oscuros.
Había oído historias: espadas capaces de partir hombres y armaduras como si fueran bambú.
Golpeó.
El acero cantó contra el metal, pero la armadura resistió. El impacto hizo retroceder al guerrero, no lo abrió en dos.
Entonces recordó la lección de su maestro: la espada no vence al hierro; vence al descuido.
Esperó.
Cuando el enemigo levantó el brazo para atacar, apareció un instante de piel bajo la axila.
La katana entró allí, silenciosa y precisa.
No fue un golpe de leyenda.
Fue un golpe de guerra.
La Katana, aunque hoy es el símbolo del samurái, durante gran parte de la historia japonesa las armas más importantes fueron el arco (yumi), la lanza (yari) y más tarde el arcabuz (teppō). La espada era un arma secundaria.
Muchos maestros grababan su nombre en la espiga (nakago), la parte oculta dentro de la empuñadura. Curiosamente, la espiga nunca se limpia porque la pátina ayuda a autentificar la antigüedad de la pieza.
El tameshigiri consistía en probar la calidad de una hoja cortando esteras de paja enrolladas. En algunos periodos también se utilizaron cadáveres de criminales ejecutados para evaluar la capacidad de corte.
Llevar conjuntamente una katana y un wakizashi era un símbolo exclusivo de la clase samurái durante el período Edo. A este conjunto se le llamaba daishō ("grande y pequeña").
Las obras de grandes maestros como Masamune o Muramasa pueden alcanzar precios de cientos de miles o incluso millones de euros.
Las hojas forjadas por Muramasa adquirieron una reputación siniestra porque varios miembros de la familia Tokugawa murieron o resultaron heridos con espadas atribuidas a este maestro. La leyenda llegó a afirmar que sus hojas tenían sed de sangre.
La forma de colocar la katana al sentarse indicaba las intenciones del samurái. Situarla lejos del cuerpo demostraba confianza; mantenerla cerca podía interpretarse como una señal de desconfianza o preparación para el combate.
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